La mayoría de la gente que se arrepiente de un tatuaje no eligió mal por tonta.
Le pusieron delante un catálogo, señaló lo que más o menos le gustaba, y se lo clavaron sin preguntarle qué quería contar ni si aquello pegaba con su cuerpo.
Así es normal acabar con algo que no te representa. Y encima es para siempre.
Yo no trabajo así.
No empiezo por la aguja: empiezo sentándome contigo.
Vemos qué quieres, qué estilo va de verdad contigo —maorí, borneo, moderno y blackout no son lo mismo, aunque a casi todo el mundo se lo vendan igual— y la mayoría de veces lo dibujo a mano, sobre tu piel, para tu cuerpo y para nadie más. Tu estas conmigo, lo creamos juntos.
Y si es para tapar algo de lo que ya te arrepentiste, mejor todavía: el negro bien puesto lo hace desaparecer debajo de algo que ahora sí es tuyo.
Si estas pensando en tatuarte en los próximos meses, ahora es buen momento para sentarnos a hablarlo, organizarlo con tiempo. Estas cosas no se hacen con prisa.
Cuéntame tu idea aquí abajo y te contactaré en cuanto pueda para explicarte el proceso y resolver todas tus dudas.
No te cortes, suéltalo todo.
Antes de que preguntes: una pieza grande lleva sus sesiones, no sale en una tarde.
El precio te lo digo claro desde el principio.
Los repasos no los cobro. Lo único que no hago es regatear el trabajo.
El primer paso no es tatuarte. Es sentarnos a verlo, en el estudio o por videollamada si estás lejos.
Sales sabiendo exactamente qué te vas a hacer.